Dos generaciones de la familia con una potra en la dehesa

La casa

Origen e historia

De la finca «Casablanca» de Alcolea a las mil hectáreas de El Álamo: la historia de una afición familiar por el hispano-árabe.

La estirpe

Don Indalecio García y García compró en 1866 una punta de yeguas de raza española con su hierro a Don Francisco Solano Fuentes y Horcas, reconocido ganadero de Montilla, y las trasladó a la finca «Casablanca» del término de Alcolea (Córdoba), que hoy sigue en propiedad de la familia y da nombre a la Yeguada.

Don Gregorio García García y su hijo Don Gregorio García Mateo comenzaron a cruzar con árabes y, posteriormente, directamente con hispano-árabes. Desde su creación y hasta 1955 se vendieron a la remonta 846 animales.

En 2012 Ignacio Enríquez García, tataranieto del fundador, compró a su prima Inmaculada García Courtoy cuatro yeguas y el semental Etíope, procedentes de aquella misma ganadería. La línea nunca se rompió.

Sol y Blanca con una potra en la dehesa
Sol y Blanca Enríquez Rojas, sexta generación

Seis generaciones

  1. 1866

    Don Indalecio García y García

    Compra la punta de yeguas españolas con su hierro y la traslada a la finca «Casablanca», en Alcolea.

  2. 1857

    «Africano», semental fundador

    Del Duque de Alba y Primer Premio en la Exposición Nacional de Madrid. Junto a «Vilayeto» (PRá), hijo del ruso «Wandick», abre la vía del cruce.

  3. 1955

    846 animales a la remonta

    Casi un siglo abasteciendo al Ejército: la prueba de fuego de la funcionalidad de la línea.

  4. 2012

    Ignacio Enríquez García recupera la línea

    Prusiana, Palmira, Rifeña II y Soñadora, más el semental Etíope, vuelven a criar bajo el hierro de la familia.

  5. Hoy

    Finca El Álamo, El Vacar

    Mil hectáreas de dehesa en Sierra Morena. Ignacio, Sonia Rojas Guijo —veterinaria y ganadera— y sus hijas Sol y Blanca deciden juntos cada cubrición.

El objetivo

Conservar, perpetuar y mejorar el patrimonio genético.

La yeguada tiene una finalidad exclusivamente de afición por la pura raza hispano-árabe. Por eso los animales nacen y se crían en libertad, en contacto permanente con el ganado vacuno, el cerdo ibérico y las especies cinegéticas.

Somos rigurosos en la selección de la nobleza del carácter: un caballo criado aquí no se altera ante el vuelo de una torcaz, el arranque de una vaca parida o el arrollón de una res.

Buscamos animales con carácter, nobles y versátiles: para pasear, para la feria o la romería, para las faenas de campo y el manejo del ganado, y aptos para la doma vaquera, el acoso y derribo, la doma clásica, el enganche, el salto y el raid.

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